Con el paso del tiempo, nuestro cuerpo disminuye la producción de colágeno y elastina, responsables de la elasticidad de la piel.
La búsqueda de tratamientos no quirúrgicos que reduzcan y prevengan el envejecimiento de la piel y las temidas arrugas es muy frecuente. Entre ellos, los más solicitados son el relleno facial y la toxina botulínica.
La toxina botulínica es una sustancia producida por la bacteria Clostridium botulinum. La toxina industrializada es purificada y puede ser utilizada para numerosos fines terapéuticos. Su uso estético es una de las aplicaciones más conocidas y difundidas, pero también está ampliamente indicada para el tratamiento de la hiperhidrosis, es decir, la sudoración excesiva en manos, pies y axilas.
El tratamiento estético con toxina botulínica puede realizarse a partir de los 25 años, de dos maneras: prevención o reparación.
Utilizamos la sustancia principalmente para el tratamiento de arrugas dinámicas, que son aquellas causadas por la mímica, es decir, por el propio movimiento del rostro. Este tipo de arruga es conocido como “líneas de expresión”.
La toxina botulínica actúa directamente en el músculo, inhibiendo su movimiento y, en consecuencia, atenuando las líneas de expresión y/o ayudando a prevenirlas. Esta sustancia proporciona un tratamiento más profundo que las cremas antiarrugas disponibles actualmente.
La toxina botulínica actúa de forma más eficaz en las arrugas dinámicas. Para el tratamiento de la flacidez de la piel, podemos asociar otros procedimientos, como el relleno y las cirugías de rejuvenecimiento facial.
Muchos pacientes temen que la toxina botulínica cause un efecto “acartonado”, dejando el rostro excesivamente rígido. Esto puede ocurrir si la aplicación es realizada por profesionales no capacitados. Cuando el profesional domina la técnica, conoce la dosis necesaria para que el efecto sea natural y el paciente mantenga su expresividad.
El resultado comienza a aparecer dentro de 4 o 5 días después de la primera aplicación y puede durar entre 4 y 6 meses, variando de persona a persona.
No se requieren cuidados específicos después de las aplicaciones. Las actividades cotidianas pueden realizarse con normalidad.
Es posible que aparezcan pequeños hematomas, que desaparecen en el transcurso de algunos días.
El procedimiento no deja cicatrices.
La toxina botulínica se inyecta en el músculo con una aguja muy fina. Generalmente, utilizamos anestésicos tópicos para minimizar el dolor, de modo que el paciente siente solo pequeños pinchazos.
La sensibilidad al dolor varía de persona a persona, pero generalmente los pacientes afirman que el dolor del procedimiento es totalmente tolerable.
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